Leer hoy sobre el primer 1 de mayo de 1886 en Chicago, así como sobre las posteriores revueltas de Haymarket que llevaron consigo muertes, detenciones y penas de muerte de quienes clamaban por la jornada de 8 horas, suena muy épico pero sobre todo, lejano.

Sin embargo, si nos atenemos a la serie de derechos laborales que los trabajadores empezaron a conseguir a partir de entonces y todos aquellos que pronto nos empezaron a arrebatar desde los 80, la diferencia entre aquellos años y la actualidad no es tanta. Igual que entonces, ahora muchos trabajadores no son conscientes de los derechos que les asisten. La diferencia es que en el siglo XIX no saber leer ni escribir era la norma para gran parte de la sociedad. El siglo XXI, por contra, se define como el siglo de la información y ese analfabetismo se supone erradicado. Pero igual que sucedía en la Revolución Industrial, el miedo a ejercer los derechos laborales para no perder el trabajo, es lo habitual. España encabeza las peores listas de subempleo de la UE según informes emitidos por el BCE (Banco Central Europeo) y los muertos por accidente laboral se cuentan a diario. En España cada día mueren dos trabajadores en su puesto de trabajo. El año pasado, este país registró 3.650 accidentes laborales diarios, según afirma Manuel Riera, técnico de la secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente de Ugt.

En Mallorca, el caso que nos ocupa, el mercado de trabajo depende en gran mayoría del sector servicios y en concreto, de la hostelería y el turismo. Una franja laboral donde la ausencia de derechos laborales es el día a día: contratos con pocas horas de duración, trabajo sin contrato y horas extras diarias no cobradas describen la realidad de una isla en donde las diferencias sociales resultan, día a día, más flagrantes.

Además, el problema de la falta de calidad en el empleo suele ir de la mano de problemas en el acceso a una vivienda digna y con un precio justo. Otro gran problema que los gobiernos locales tratan de capear como David frente a Goliat: los nuevos dueños de buena parte del nuevo parque de viviendas y terrenos en la isla son fondos buitres y algunos de los bolsillos más abultados del norte de Europa.

Pese a todo, durante la última legislatura regional actores sociales como Ugt han conseguido mejoras sustanciales en mesas de negociación sindical que se han traducido en subidas salariales. Así, un incremento del 17% en cuatro años, como es el caso del convenio de la hostelería, anima a un sector que llevaba años con el sueldo congelado.

Ciento treinta años después de Haymarket, la lucha ha cambiado en forma y en fondo hasta quedar muy desdibujada. Pero no ha dejado de ser primordial para evitar la vuelta a una sociedad más injusta llena de escalones insalvables, en donde la familia en que uno nace marque de forma definitiva sus oportunidades de futuro, o la falta de ellas.

Este programa cuenta con la participación de SOIB y la cofinanciación del Fondo Social Europeo y tiene por objetivo la inserción en el mercado de trabajo de personas en riesgo de exclusión social.